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Simplemente Cristianos

SIMPLEMENTE “CRISTIANOS”

 

Desde hace relativamente pocos años, se ha hecho presente en Chihuahua un fenómeno nuevo en el campo de las denominaciones cristianas. Estábamos acostumbrados a identificar a los distintos grupos cristianos por su denominación, es decir, por un nombre específico: bautistas, metodistas, luteranos, pentecostales, etc. Este nombre, o denominación, se ha utilizado tradicionalmente para distinguir una iglesia de las demás, dentro de un conjunto de iglesias que se reconocen mutuamente como cristianas, pero que por diferencias más o menos serias en su manera de interpretar la Biblia en determinados puntos que consideran importantes, consideran que no comparten íntegramente la misma doctrina, y por tanto no participan juntos en el mismo culto ni se rigen por la misma administración.

La denominación con que cada iglesia se identifica o es reconocida por las otras iglesias, proviene del fundador del movimiento reformista dentro del Cristianismo que le dio origen (supuesto siempre que todos consideran a Cristo como su verdadero y último fundador), por ejemplo los luteranos, los menonitas; o bien de alguna característica de su doctrina o de su práctica religiosa, por ejemplo los metodistas, los bautistas. Todos, sin embargo se reconocen a sí mismos como cristianos, al igual que los católicos y los ortodoxos. Los católicos en la Antigüedad decían: “Cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre”. Lo mismo se puede decir de cada una de las denominaciones: “cristiano es mi nombre, metodista mi sobrenombre”, etc.

Hoy, sin embargo, es frecuente encontrarse con cristianos que reclaman para sí única y exclusivamente tal nombre, sin ninguna otra especificación denominacional. Se dicen “cristianos”, a secas y afirman no pertenecer a ninguna denominación. ¿De dónde viene esta realidad y qué significa en el conjunto de la Cristiandad?

Para aproximarnos a una explicación, podemos dividir a los “cristianos” sin denominación en tres grupos:

1) Primero están todas aquellas personas que nunca han pertenecido a ninguna iglesia en particular pero que simpatizan con la figura de Cristo y se consideran sus seguidores, pero en la forma en que cada uno lo entiende y hasta donde cada uno quiere llegar en la adhesión a la persona y al estilo de vida de Jesús. Son “cristianos anónimos” que no pertenecen ni desean pertenecer a ninguna iglesia, no forman asociación con nadie, ni hacen promoción de sus ideas tratando de convencer a otras personas. También pertenecen a esta primera categoría cristianos que pertenecían a alguna denominación o iglesia establecida pero se han salido de ella sin dejar de considerarse discípulos o admiradores de Cristo. Estos tampoco forman grupo con nadie ni hacen promoción de sus ideas, aunque más fácilmente, por la costumbre que ya tenían, asisten a veces a una u otra iglesia según les atraiga, pero sin afiliarse a ninguna. Son los cristianos sin iglesia que suelen decir: “yo creo en Cristo pero no en la Iglesia”.

2) En este segundo apartado están los grupos o asociaciones que sí constituyen una iglesia, aunque muy desestructurada, que reclaman no ser denominación ni pertenecer a ninguna denominación existente. Afirman simplemente ser la primitiva Iglesia que fundó Jesucristo y que sólo creen en lo que dice la Biblia, sin adopción de ningún credo o declaración de fe o principios redactados por hombres. Así se ven ellos mismos aunque, obviamente, son vistos por las demás denominaciones como una más, ya que cada una reclama para sí lo mismo: el ser la iglesia original que Cristo fundó y que sus doctrinas están basadas exclusivamente en la Sagrada Escritura. El intento de estas iglesias “simplemente cristianas” procede del desaliento de ver la Cristiandad tan dividida en múltiples iglesias y denominaciones y de querer volver a una utópica unidad de la primitiva Iglesia. Utópica porque esta unidad siempre, aun en la primitiva Iglesia, fue más un ideal que una realidad, toda vez que ya en las mismas comunidades apostólicas se comenzaron a dar divisiones con las que tuvieron que luchar los apóstoles. Esta forma de buscar la unidad negando pertenecer a alguna denominación, es vista por algunos observadores como ingenua, pues en lugar de enfrentar los motivos de división y de tratar de solucionarlos mediante el diálogo ecuménico, “ignoran” a los demás cristianos y reclaman con exclusividad el título de cristianos, aumentando con ello la confusión existente.

El origen histórico de estas iglesias se ubica a principios del siglo XIX en Estados Unidos con un movimiento llamado “restauracionista” (para restaurar el cristianismo primitivo). James O’Kelly, ministro metodista en Virginia, se separó de su Iglesia en 1792, porque el título de superintendente había sido sustituido por el de obispo, lo cual conllevaba una autoridad mayor de éste en la congregación. A O’Kelly lo siguieron algunos ministros, los cuales en 1794 adoptaron el nombre de “cristianos”. Por otra parte, el Dr. Abner Jones, bautista, habiéndose convencido de que debían abandonarse los nombres que distinguían, y al mismo tiempo dividían, a las diversas iglesias y confesiones, se juntó con el también pastor bautista Elías Smith y en 1800 organizaron ambos una nueva iglesia independiente a la que también llamaron simplemente “cristiana”. En el mismo año acaeció el Gran Despertar o Revival y varios ministros presbiterianos, predicando a audiencias de fieles de diferentes iglesias, no se atuvieron a las doctrinas de su propia denominación, por lo que fueron reprendidos y se separaron en 1803. El más famoso entre ellos fue Barton W. Stone. Estas tres secciones independientes se unieron en 1819 en una Convención General y se dieron el nombre de “cristianos”. En 1832 Barton W. Stone, seguido de muchos « cristianos » de los estados de Kentucky y Ohio se juntó con los seguidores de Campbell, o Discípulos (ver Discípulos de Cristo), pero no fue seguido por los “cristianos” de los estados del Este y del Sur. Continuaron éstos con el nombre de antes, pero lo cambiaron después de 1922 por el de Iglesia Cristiana (General Convention of the Christian Church), la cual en 1930 se unió con los Congregacionales, conservando sin embargo algunas secciones separadas.

Otro de los más famosos movimientos restauracionistas del cristianismo primitivo está ligado al ya mencionado Thomas Campbell y a su hijo Alejandro. Thomas, llegó de Irlanda como misionero a Estados Unidos en 1807. Predicaba una vuelta a las fuentes del Cristianismo, sugiriendo que el Nuevo Testamento debería ser la única regla del cristiano. Decía que las iglesias establecidas en su tiempo no cumplían con el modelo que muestra la Biblia. Se separó de su iglesia (él era presbiteriano) y formó un grupo aparte junto con Barton Stone, como hemos dicho. También querían restaurar la Iglesia primitiva y pronto se comenzaron a llamar simplemente “cristianos” o “discípulos” y rechazaban todos los credos y declaraciones de las iglesias, especialmente la Confesión de Fe de Westminster, de la confesión presbiteriana. Formaron así la “Iglesia Cristiana”, llamada también “Discípulos de Cristo”. De ella se separaron posteriormente las “Iglesias de Cristo” y más recientemente, a principios de los 70 del siglo XX, la “Iglesia Internacional de Cristo” o “Movimiento de Boston”.

Contemporáneo a este movimiento en Estados Unidos, surge en Irlanda, en 1828, la Iglesia de los Hermanos de Plymouth, como protesta de algunos anglicanos contra la estructura, según ellos, demasiado rígida de la Iglesia de Inglaterra y por su dependencia del Estado. Uno de sus primeros jefes fue John Nelson Darby (1800-1882), ministro anglicano, por lo que se les llama también “darbitas”. Como en todos los casos, los fundadores no pretendían crear una nueva iglesia sino renovar todas las existentes y hacerlas conformes con la doctrina y gobierno de la primitiva Iglesia. El movimiento pasó a Inglaterra y habiéndose formado un grupo considerable en la ciudad de Plymouth, les vino a sus prosélitos el nombre de “Hermanos de Plymouth”, que ellos rehusan, pues quieren que se les llame simplemente cristianos, creyentes, santos o más bien hermanos, como era el uso de los cristianos del siglo I. La idea fundamental de los “Plimutistas” consistió en que el Cuerpo de Cristo (la Iglesia) es el compuesto de todos los creyentes y que bastaba descartar las confesiones de fe, los credos, los rituales, etc., y atenerse a la Biblia, interpretada literalmente, para recuperar la unidad. Sin embargo, tal vez por eso mismo, no se han visto libres de numerosas divisiones, algunas de las cuales sucedieron en vida de su fundador. Irving fue quien introdujo en la teología protestante el “dispensacionalismo” y por lo mismo era también milenarista.

3) Un tercer grupo de “simplemente cristianos” está formado por la “tercera ola” del movimiento carismático protestante. La raíz de estos grupos está en los neopentecostales que nacieron al final de la década de los 50 y principios de los 60 entre las principales denominaciones protestantes y en la Iglesia Católica. Fue una acogida del énfasis pentecostal en la recepción del Espíritu Santo y sus dones como las lenguas, la sanación y la profecía. Aceptaban esto pero no querían dejar de ser bautistas, presbiterianos, metodistas, luteranos, etc. Sin embargo, muchos comenzaron a rechazar sus tradiciones denominacionales o al predicar a personas que no las tenían arraigadas se fueron formando poco a poco grupos independientes de las iglesias principales y se comenzaron a llamar simplemente “cristianos”. Algunos rechazan también la denominación de “evangélicos” por estar ligada a las iglesias protestantes tradicionales. A veces se usa el término “evangelicales”, (anglicismo originado en el siglo XIX con los “avivamientos”) para distinguirlos de los evangélicos o protestantes. Otra característica de estos grupos neopentecostales o “cristianos”, aunque no exclusiva de ellos, es el fundamentalismo. Se entiende por este término la forma literal que tienen de interpretar la Biblia, ateniéndose sólo a la letra. Rechazan todo método científico en el estudio de la Biblia, como la consideración de los géneros literarios y la ubicación de los escritos bíblicos en el contexto histórico y en la cultura en que se escribieron. Esto los lleva a acentuar una forma emotiva y subjetivista de leer la Biblia. En cuanto a doctrina, los “cristianos” neopentecostales profesan las doctrinas básicas de la Reforma protestante, especialmente del Calvinismo y de la espiritualidad metodista y sólo se distinguen de los demás protestantes por el énfasis en los dones del Espíritu Santo y en algunas otras particularidades. Aunque también entre ellos difieren en algunas de sus doctrinas, todos se hacen llamar “cristianos”, sin ningún otro calificativo. Cada grupo es independiente, pero suelen agruparse en alianzas, fraternidades o federaciones para apoyarse mutuamente.

A este tipo de grupos pertenecen, por ejemplo, la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (CONFRATERNICE), la Federación de Iglesias Cristianas Evangélicas de México (FICEMEX), LA Fraternidad de Iglesias Cristianas, Vino Nuevo, Evangelismo a Fondo, Amistad Cristiana, etc. El lector se sorprenderá al ver en la lista de iglesias neopentecostales una serie de instituciones, como grupos misioneros, asilos, centros de rehabilitación, escuelas bíblicas, etc. La razón es que aquí las tomamos más como asociaciones religiosas que como instituciones, ya que son entidades autónomas que no dependen jerárquicamente de ninguna denominación o iglesia establecida, y con el tiempo algunas de ellas derivan hacia una forma más de asociación religiosa.

A estos grupos neopentecostales hay que añadir algunos grupos de carismáticos católicos que se desprendieron también de su iglesia y se asimilaron al pentecostalismo protestante, como es el caso en Chihuahua de la Iglesia Católica Bíblica.

Se podrá discutir que en nuestro esquema general coloquemos a los “cristianos” en el apartado 3: PROTESTANTES O EVANGÉLICOS, de la PRIMERA PARTE: ASOCIACIONES RELIGIOSAS CRISTIANAS, ya que los “cristianos” del segundo y tercer grupos mencionados más arriba rechazan su pertenencia al Protestantismo. Sin embargo, es un hecho que tanto por su inmediato origen histórico (las iglesias de las que proceden), como por sus contenidos doctrinales, esas iglesias tienen sus raíces en el Protestantismo, tanto el histórico como el derivado de éste. Sería ciertamente mucho más complicado y artificial crear una categoría distinta para esos grupos, categoría que sí se justifica, por ejemplo, para los aquí colocados bajo el rubro de OTROS CRISTIANOS.

Fecha de actualización 16/02/2015 11:37