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Significado de la Religión

 

Temas generales:

1. Significado de la religión en la vida de los individuos y de los pueblos 

 

Ciencia y religión

¿Desde qué perspectiva se aborda en este Mapa Religioso de Chihuahua la religión? ¿Cómo se justifica que en un estado laico, una universidad pública “hable” de religión y presente las diversas asociaciones religiosas que hay en el ámbito local?

 

Obviamente, en este Mapa de las religiones que hay en Chihuahua no se aborda la religión desde el punto de vista de ninguna de ellas en particular, mucho menos se dan juicios de valor acerca de ellas. Tampoco se pretende emitir juicios sobre la importancia de tener o no tener religión alguna. La presente investigación se inscribe dentro del marco de la historia comparada de las religiones, aunque tomada ésta en un contexto bastante reducido, como es la presencia del fenómeno religioso en el ámbito regional, en este caso estatal.

 

En México, por razones históricas que se explican mas no se justifican, el estudio de la religión o de las religiones desde un punto de vista científico, ha quedado prácticamente excluido de los programas de estudio de las universidades, a diferencia de lo que pasa en otros países, por ejemplo en Estados Unidos o Alemania. Anteriormente en México el tema se abordaba con una carga más emotiva que científica para atacar o para defender la religión, sin mencionar los trabajos propiamente doctrinales al interior de cada grupo religioso para su consumo personal o con fines proselitistas. Hay que reconocer, sin embargo, que de algunos años para acá son cada vez más numerosos los trabajos de investigación en México que abordan el tema desde la óptica de la antropología, las ciencias sociales, la psicología, etc., y que no pocas instituciones de educación superior comienzan a incluir el estudio de la religión en general, y de las religiones, en sus currículos o en cursos de posgrado.

 

Si nos atenemos al concepto puro de la ciencia, que trabaja con su propio método de investigación objetiva y experimental, el objeto propio de la religión, en cuanto fe o creencia en realidades sobrenaturales, no cae dentro de la competencia científica, aunque hay también quienes consideran que la ciencia no es la única vía del conocimiento y que hay otras vías que nos acercan también a la realidad integral del hombre. Estas posturas ven con el mismo respeto la ciencia y la creencia y aunque reconocen que son dos campos diferentes, no aceptan que sean contradictorios o excluyentes. De hecho, lo mismo hay y ha habido científicos que han excluido de su vida toda referencia religiosa, que los que han sabido integrar en su vida ambas dimensiones en una plena armonía. Si tomamos la ciencia como base única y exclusiva para discernir los contenidos de la religión, para muchos la única conclusión lógica sería el agnosticismo, pues de la sola ciencia no se pueden extraer razones definitivas para la afirmación de una divinidad o ser absoluto trascendente al que llamamos Dios, pero tampoco podemos extraer razones contrarias a esa afirmación. La prueba de que a la fe religiosa no se llega exclusivamente por la ciencia es que para quien cree, las pruebas científicas de la existencia de Dios son evidentes, mientras que para el que no cree, las pruebas científicas de la no existencia de Dios también son evidentes. O como lo expresó atinadamente un ilustre agnóstico mexicano, el novelista Mariano Azuela: “Querer imponer la fe con razonamientos es lo más necio de las religiones” (Carta a su hijo Mariano). “Sus discursos son tan necios como sería el de quien quisiera demostrar la existencia de la luz. Se ve o no se ve. Dios se siente o no se siente. Eso es todo” (Credo).

 

Para muchos la religión dejó de ser ciencia en sí misma, es decir en su objeto propio que es la divinidad y la trascendencia, desde que por influjo del racionalismo y del positivismo se desconoció la posibilidad científica de la metafísica [1] . Ortega y Gasset lo afirmó de manera categórica: “La filosofía como metafísica es imposible” (En torno a Galileo, VI, 206). Con ello, la filosofía, ciencia que penetra hasta las últimas razones mediante la investigación de la realidad total, especialmente el ser y el deber propios del hombre, quedó reducida al estudio de lo puramente material o evidente a los sentidos, y de paso la teología quedó descalificada como ciencia.

Origen y sentido de la religión

Más allá de estas discusiones académicas, es obvio que el objetivo del Mapa Religioso y de esta introducción, no es el estudio de la religión en cuanto tal ni en su naturaleza ni en su origen. Este ha sido por ya más de dos siglos el objeto de la Historia Comparada de las Religiones. Ahí están nombres tan conocidos como L. Feurebach, A. Compte, K. Marx, E. Durkheim, J. Frazer, E. Tylor, S. Freud, R. Otto, W. Schmidt, M. Eliade, etc., que abordaron la cuestión cada uno desde su especialidad científica: la filosofía, la sociología, la etnología, la psicología, etc. Algunos de esos autores llegaron a conclusiones adversas para la religión, explicando su existencia desde postulados materialistas, racionalistas, positivistas, evolucionistas, etc., que descartaban todo contenido real de carácter supramundano en ella, pero al mismo tiempo surgía también una nube de pensadores del lado contrario que contradecían esas conclusiones con la visión opuesta. Una aportación decisiva en este punto, que marcó un viraje hacia una mejor comprensión del hecho religioso, fue la de Rudolf Otto con su libro Das Heilige (1917; Lo Santo. Sobre lo racional e irracional en la idea de Dios).

 

De acuerdo con el pensamiento de Otto, el núcleo originario del sentimiento religioso en el hombre estriba en el reconocimiento de que más allá de todas sus capacidades de dominio y conocimiento, se extiende un poder absolutamente indomable al que tiene que someterse, y que se presenta bajo la forma de misterio. Por eso es que tiene que ser captado a través de símbolos, en los que el misterio, de algún modo, se auto-desvela. Este misterio se presenta como un núcleo común a todas las religiones y está revestido de las siguientes características:

  • Trascendente: Está colocado más allá de toda forma de ser mundano, de toda forma posible de existencia mundana.

  • Santo: En cuanto que provoca en el hombre el respeto y la consideración.

  • Tremendo y fascinante: Conmueve al ser humano, atrayéndolo y repeliéndolo, horrorizándolo o consolándolo, pero siempre concerniendo al hombre directa e íntimamente, a su vida y al sentido de su existencia.

  • Numinoso: En cuento que es incapaz de definición en sí mismo, y ha de revelarse a través de símbolos o de complejos simbólicos, a los que denominamos hierofantas.

  • Sagrado: Debido a que se trata de algo separado de lo cotidiano y de lo común, pero que es capaz de ponerse en contacto activo y eficaz con el mundo y con el hombre.

Religión y cultura

Cualquiera que sea la conclusión a que cada quien llegue respecto del carácter científico de la religión en sí misma o de la justificación que tenga la ciencia para abordar su estudio, sobre una cosa no puede caber duda ni discusión: más allá de sus contenidos de fe y de sus relaciones con lo sobrenatural, la religión, tanto en el individuo como en la sociedad que la profesa, la religión inspira acciones, provoca reacciones específicas ante los retos del entorno, configura criterios que se exteriorizan en opciones concretas y, como resumen de todo esto, es tal vez la más poderosa fuente creadora de cultura. Y en este sentido, teniendo en cuenta las expresiones visibles en las que se refleja la religión en la vida de los individuos y de los pueblos, es como la religión cae no solo de una manera indiscutible, sino también necesaria bajo el ojo escrutador y analítico de la ciencia.

 

Un hecho incontrovertible, pues, un fenómeno comprobable, un dato de la realidad: que la mayoría de los chihuahuenses, ateniéndonos al censo, tienen alguna clase de creencia religiosa y que ésta influye de alguna manera en todos los aspectos de su vida: comida, vestido, empleo del tiempo, modo de abordar la salud y la enfermedad y los medios para salir de ésta, fiestas y diversiones, vida familiar, educación de los hijos, participación política,… ¿quedará algo fuera?

 

¿Quién, en efecto, puede prescindir de la religión y de sus implicaciones en la ética, las tradiciones, las motivaciones, las estructuras y el pensamiento de los pueblos, si quiere comprender realmente el porqué de acontecimientos de tanto peso para toda la humanidad como por ejemplo los conflictos bélicos de Irlanda del Norte, Bosnia y Servia, Israel y Palestina, Sudán, Afganistán, India y Pakistán, etc., (por no hablar sino de la época actual)? ¿Quién puede descartar el contenido religioso en la política, el arte, la vida civil al estudiar la historia de los países de cultura occidental, china, musulmana, etc.? Si quisiéramos expurgar lo religioso de tales culturas nos quedaríamos con prácticamente nada entre las manos. Más aún, nos quedaríamos muchas veces sin la clave de explicación de muchos de esos fenómenos.

 

Lo mismo pasa hoy en Chihuahua y en cualquier parte de México. No sólo es impensable excluir el ingrediente religioso de nuestra historia, arte, tradiciones populares, etc., sino que las mismas ideologías que predominan en el poder en un determinado momento se topan tarde o temprano con la realidad de que la cosmovisión y la concepción ética de la mayoría de los ciudadanos o de grupos minoritarios pero influyentes, basada en sus creencias religiosas, constituye una ayuda decisiva o un formidable obstáculo para llevar a cabo sus programas políticos y sociales. En México lo hemos visto muchas veces cuando se han tratado de aplicar políticas públicas en el campo de la salud y educación, por ejemplo, o se han elaborado leyes reguladoras en esos campos. La religión como fe, como creencia, se ubica en el corazón de los creyentes, pero como manifestación externa en la vida de esos creyentes, seres sociales, se manifiesta en costumbres, en formas de vida, en actos externos de culto y asociación, etc.

 

Más allá de las creencias religiosas que profese cada quien, o de la negación personal de las mismas, un hecho incontrovertible y fuera de toda duda, es que en Chihuahua, como en todo México y en el resto del mundo, la mayoría de la población profesa una religión y que en mayor o menor grado la religión tiene un significado para sus vidas, hasta el punto de influir consciente e inconscientemente en su cosmovisión y en su modo de obrar, es decir, en sus criterios éticos. Incluso los que no profesan ninguna religión y aun los que la descartan completamente de sus vidas, de alguna manera, aunque sea por negación u oposición, caen dentro de la perspectiva religiosa, pues es prácticamente imposible hacer una suspensión perfecta del juicio valorativo respecto a la misma ya que viven sumergidos en un ambiente saturado de ella. Además, estando la religión tan fuertemente compenetrada con la cultura en un determinado contexto social, aun los que no creen se ven influenciados en su sentir y pensar por muchos elementos de la cultura reinante, cargada abierta o sutilmente de elementos religiosos.

 

Según datos del INEGI (ver Temas Generales: 6 Datos estadísticos de la religión en Chihuahua), el 94 o 95 por ciento de los chihuahuenses tiene alguna forma de religión. Dato éste suficiente para justificar la atención que se le pueda dar al fenómeno desde los más diversos intereses, no sólo científicos, sino políticos y hasta económicos.

Religión y sentido de la vida

Desde el punto de vista científico, la religión no agota su significado en su papel de conformadora de cultura. La religión, desde el punto de vista antropológico, provee a los creyentes de sentido. Una exigencia esencial de la persona humana es encontrarle un sentido a su existencia. Ese sentido es el que da plenitud y autenticidad a su ser y quehacer en el mundo. Es una cuestión importante, pues se trata de saber si vale o no vale la pena vivir la vida que uno tiene sin haberla buscado ni solicitado. Si la vida tiene o no tiene sentido, es una pregunta fundamental.

 

El hombre ha tratado siempre de desentrañar el misterio del mundo y ha entendido que su propia existencia está comprometida con el sentido y significación del mundo. Por más que se den respuestas, el enigma sigue pesando sobre la conciencia del hombre. La religión, la filosofía y la ciencia han dado sus respuestas, pero no hemos hallado una solución universalmente válida y aceptada, por lo que la pregunta sigue en pie. Esta cuestión a muchos les parece que no puede ser abordada solamente desde la ciencia, porque el sentido de la existencia no es un dato fenoménico que la ciencia pueda estudiar y hacer comprender con los métodos experimentales.

 

No cabe duda de que la pregunta por el sentido tiene orígenes religiosos, puesto que la religión fue la primera respuesta que encontramos en la historia de la humanidad. La filosofía dio sus respuestas bastante más tarde. Por eso hay que interpretar la religión como una estructura simbólica de sentido.

 

La religión es una estructura simbólica de sentido, es decir, la religión es un conjunto estructurado de elementos diversos (actitudes personales, doctrinas, actos cultuales, estructuras sociales, etc.) muchos de los cuales tienen sentido simbólico (mitos, rituales…), que prestan un sentido último a la vida de los individuos y de las comunidades. Pero se basan siempre en una experiencia profunda que llamamos de sentido y una presencia que rodea al individuo. Es la presencia de la trascendencia, es decir, de una realidad que está más allá del propios mundo, pero que aparece como la realidad misma.

¿Se acaba la religión?

Otro hecho que llama la atención es que la religión, pese al creciente secularismo de nuestra sociedad, y al relativo crecimiento de la no creencia religiosa, está muy lejos de desaparecer en el mundo, en México y por tanto en Chihuahua. El optimismo de las corrientes racionalistas y positivistas que desde el siglo XVIII y sobre todo en el XIX habían vaticinado el fin de la religión, gracias a que la ciencia, en su avance vertiginoso, iba a resolver todas las preguntas que antes trató de responder la religión, y que iba a traer finalmente al hombre aquí en la tierra, la felicidad que la religión promete para el más allá, recibió un fuerte motivo de desencanto con el drama de la Primera Guerra Mundial, con toda su secuela de sufrimientos y de brutalidad impensable entre pueblos precisamente desarrollados y científicos. El mismo desencanto se dio con la esperanza puesta en el socialismo real (o marxismo en el poder), que vaticinó el próximo fin de la religión cuando, gracias también a la ciencia y a la superación de las contradicciones del sistema de producción capitalista, la gente se diera cuenta de que sin ella podía alcanzar la felicidad y satisfacer todas sus necesidades en un paraíso en la tierra: la dictadura del proletariado. Apenas cayó el simbólico Muro de Berlín se vio lo efímero que fue ese sueño y lo débil que fue esa situación mantenida por la fuerza, incluso en “el primer país ateo del mundo” que fue Albania. En el antiguo territorio de la URSS, apenas caído el muro, comenzaron a reaparecer como hongos las más variadas religiones y sectas, junto al renacer de las iglesias tradicionales, con las que el pueblo trata de llenar el vacío espiritual en el que se le mantuvo por la fuerza durante tantos años. En el Occidente consumista y secularizado, en el que la religión parece ser cosa del pasado, muchos tratan de llenar ese mismo vacío con las “nuevas religiones” que les dan una sensación de espiritualidad, como por ejemplo la Nueva Era y el renacer del ocultismo. Así surge hoy en todas partes, sobre todo en Occidente, el fenómeno avasallador de nuevas religiones o de antiguas religiones recicladas. Junto al tradicional Cristianismo, desdeñado muchas veces con hastío, la gente se vuelca hacia el ocultismo, la New Age, las religiones orientales y sus derivaciones, dando la apariencia de que esta época incrédula es más religiosa que ninguna otra.

 

En Chihuahua la proliferación de grupos religiosos es evidente a partir más o menos de los años sesenta del siglo XX. Por el Índice General de este Mapa, que ofrece a la vez una visión panorámica y un intento de tipología de dicha realidad, se puede apreciar, por ejemplo, que junto a la tradicional Iglesia católica las asociaciones más numerosas son ya no las que tienen su origen en las iglesias históricas surgidas de la Reforma Protestante, sino las que han surgido en el siglo XIX y XX, especialmente aquellas de raíces pentecostales. Pero también vemos una presencia cada vez más fuerte de asociaciones y organizaciones de carácter no cristiano o que tienen con el Cristianismo sólo una débil relación. No faltan tampoco grupos que profesan ahora públicamente ideas hasta hace poco marginadas, por ser haber sido consideradas por la sociedad como supersticiosas y hasta peligrosas, pero que al amparo de la libertad religiosa y sobre todo del permisivismo que caracteriza a la cultura actual, adquieren carta de ciudadanía al parejo de las formas de religiosidad tradicionalmente más “respetables”.

 

Punto de partida para nuevas investigaciones

 

En fin, aquí tienen los investigadores al mismo tiempo una información y una provocación. Información primera y general sobre una realidad de la que, como en el iceberg, se conoce sólo la punta. Provocación, porque seguramente muchos de los usuarios de este Mapa encontrarán en él más que una respuesta completa a sus preguntas, una gran cantidad de sugerencias para seguir ahondando en el estudio de esta realidad, desde los intereses y para los fines que cada uno tenga.

 

1 Nos referimos aquí a la metafísica como aquella parte de la filosofía que según los griegos se refiere a lo que está más allá de lo físico, por consiguiente se llama metafísico lo que es esencialmente inexperimentable, inmutable y, de alguna manera, espiritual, aunque no incognoscible. Aquí no utilizamos, pues, este término, en el sentido que le da la doctrina gnóstica llamada también “metafísica”.

Fecha de actualización 13/02/2015 12:20