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El Milenarismo

El Milenarismo

 

Dado que la doctrina milenarista está presente en gran parte del Movimiento del “sólo cristianismo”, que se gestó en los despertares o avivamientos del siglo XIX, así como en los movimientos Pentecostal y Neopentecostal del siglo XX, que son sus herederos, presentamos aquí una definición de la misma.

El Milenarismo, conocido desde los primeros tiempos del Cristianismo, se refiere a la suerte de la humanidad al fin de los tiempos. Su punto de partida es el desenlace que el Apocalipsis (20, 2-7) prevé para poner fin a las angustias de los cristianos perseguidos, cuya suerte parece incompatible con el anuncio de Jesús de que el Reino de Dios comenzó en la tierra con la Encarnación. Este pasaje del Apocalipsis se completa luego con el capítulo 13 del mismo libro y Daniel 7, donde se habla de una bestia que personifica al Anticristo. La idea de un reinado de Cristo en la tierra junto con sus elegidos antes del juicio final, es un elemento nuevo en la escatología cristiana, que no encuentra apoyo en ningún otro pasaje del Nuevo Testamento, e incluso parece contradecir a 1Co 15, 20-28. Tampoco la tradición judía la conoce. Esto explica que la interpretación dada por san Agustín (De civ. Dei, 20, 7-9) se haya impuesto durante siglos en el Cristianismo occidental. Para él los mil años indican un periodo indefinido y se refieren al tiempo de duración de la Iglesia, identificada con el Reino de Dios. Todo intento de explicar el texto en otra forma fue rechazado incluso por las iglesias tradicionales de la Reforma: luteranos, reformados y anglicanos.

Fue apenas en el siglo XVII cuando el interés por este pasaje del Apocalipsis volvió a cobrar actualidad, primero en Inglaterra y luego en el continente europeo a través del pietismo, y ya en el siglo XVIII se convirtió en uno de los motivos dominantes del Gran Despertar en Estados Unidos. Pero su interpretación tuvo diversas modalidades. La primera y más antigua entendía el texto en el sentido de que una vez que el mundo lograra vivir en paz durante mil años, Cristo retornaría para juzgarlo y premiar a los elegidos. Esta interpretación, que constituía la base de la predicación de Ch. G. Finney (1792-1835), uno de los animadores del “avivamiento” (“revivalismo”), da lugar más bien a un Posmilenarismo, y fue el punto de partida para numerosas reformas espirituales y morales, con las cuales se buscaba acelerar la llegada del milenio en el que el Evangelio se impondría en el mundo, y en consecuencia también el retorno subsiguiente de Cristo. Se organizaron campañas de misión, se promovieron asociaciones caritativas de voluntarios, se luchó a favor de reformas sociales y por la abolición de la esclavitud.

Sin embargo, tal interpretación no tardó en ser considerada ingenua y utópica. La situación social, lejos de mejorar empeoraba de día en día, sobre todo a causa de la industrialización, que comenzaba a atraer multitudes a las grandes ciudades. Ante el temor de que las preocupaciones sociales tomaran demasiado auge en la Iglesia, se produjo entonces una fuerte reacción y se comenzó a insistir en el compromiso personal con Cristo y en la santificación individual, aunque sin renunciar del todo a ejercer influjo moral sobre la cultura. Líder de esta nueva orientación fue Dwight. L. Moody (1837-1899). Él, que como Finney tenía numerosos seguidores en Estados Unidos y en Gran Bretaña, desechó rotundamente el posmilenarismo de éste y su preocupación por reformas sociales para insistir más y más en la necesidad de rescatar lo posible antes de la catástrofe final.

El mundo era un barco que se hundía, y no quedaba ya demasiado tiempo. Según esta interpretación, conocida como Premilenarismo, el retorno de Cristo, y con él el fin de la historia, es un hecho inminente. Pero antes, los elegidos serán raptados por los aires (el rapto o arrebatamiento), donde Cristo saldrá a su encuentro. La parte infiel de la humanidad será sometida, en cambio, a una gran tribulación durante siete años por obra del Anticristo. Vencido éste por Cristo al cabo de los siete años en una gran batalla (Armagedón), Cristo reinará en la tierra durante mil años con sus elegidos. Luego tendrá lugar el juicio final y comenzará la eternidad. El premilenarismo declara los escritos proféticos antes mencionados como el núcleo central de la Bibilia, y define que en ellos no se describe otra cosa que la suerte de la humanidad en esta última etapa de la historia.

Comenzaba así una etapa de fervor religioso de tono individualista en el evangelicalismo, que se iría acentuando cada vez más. La única solución a los problemas sociales es la segunda venida de Cristo, y por eso todo el interés se centra en el testimonio personal del Evangelio y en la victoria individual sobre el pecado, y se declara como primera obligación cristiana el promover y sostener movimientos misioneros con tales objetivos. Esta corriente irá ganando más y más terreno, especialmente en la población marginada de las grandes ciudades, debido sobre todo a la fama de Moody como gran predicador revivalista.

Pese a este giro, el evangelicalismo del siglo XIX siguió siendo en gran parte posmilenarista. Motivado por el optimismo, considera el mejoramiento progresivo del mundo como parte integrante de su tarea evangelizadora. Esta característica predominó hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y tuvo por resultado la fundación de sociedades misioneras preocupadas no sólo de predicar el Evangelio, sino también de rehacer la sociedad norteamericana y luego el resto del mundo conforme a los ideales del evangelicalismo. (Florencio Galindo)

Fecha de actualización 16/02/2015 11:41