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VI Plan de estudios 2009
Hoy por hoy nos enfrentamos a un momento de caos. Por un lado, discusiones en torno a temas educativos que cuestionan la ciencia y las maneras de apropiación del conocimiento han propiciado reflexiones sobre el quehacer de la universidad. Por otro lado, la crisis que enfrentan las instituciones ha originado la necesidad de buscar alternativas cuyo objetivo es realizar modificaciones en los planes de estudios en la Educación Superior con el fin de enseñar a los futuros profesionistas a vivir en la incertidumbre, característica de la condición posmoderna.
Instancias de carácter internacional recomiendan adecuaciones curriculares que permitan considerar la problemática a la que se enfrenta el planeta. Tal es el caso de la UNESCO que ha publicado documentos como “la educación encierra un tesoro” o “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” que abordan una propuesta de cómo debería ser la educación del futuro para un desarrollo sostenible que considere el arraigo y el cuidado al planeta, así como una convivencia sana entre los ciudadanos para un buen vivir mediante sus cuatro pilares fundamentales; aprender a conocer aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser.
Además organismos nacionales creados para evaluar programas educativos con el fin de elaborar recomendaciones a los planes de estudio que permitan cumplir con la política educativa de México y con los avances propios de la disciplina, en este caso Arquitectura, para acreditarse como programas de calidad.
Por tanto, autoridades y docentes del Programa Educativo (PE) de Arquitectura se dieron la tarea de realizar primero un diagnóstico para conocer la visión de la comunidad universitaria del PE sobre el Plan de Estudios y que propuestas lo pudieran beneficiar. Posteriormente crear un comité con representantes de cada una de las academias que revisara la estructura curricular y diseñar un nuevo Plan de Estudios de diez semestres y 400 créditos siguiendo las recomendaciones del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Enseñanza de la arquitectura (COMEA), ahora Acreditadora Nacional de Programa de Arquitectura y Disciplinas del Espacio Habitable A.C. (ANPADEH) con el fin de lograr la acreditación de segundo ciclo para el año 2009.
Durante tres semestres el comité trabajó la estructuración de esta propuesta. Se tomaron en cuenta necesidades de estudiantes, docentes, espacios destinados a clases. Además se buscó la congruencia del modelo educativo 2020 de la UACJ, el pensamiento complejo, el desarrollo sustentable y la educación basada en competencias profesionales, desde una perspectiva humanista como elementos base en la conformación de dicho Plan.
Es necesario mencionar que las innovaciones curriculares al Plan de Estudios buscan en su filosofía la formación del arquitecto/ciudadano
La innovación
“Ante la rapidez de los cambios y lo imprevisible que caracteriza nuestro mundo ‘debemos reconsiderar la organización del conocimiento… debemos derribar las barreras tradicionales entre las disciplinas…. reformular nuestras políticas y programas educativos… mantener la mirada fija hacia el largo plazo’”, palabras del Director General de la UNESCO, Federico Mayor. El concepto de innovación es multirreferencial y polisémico; siempre depende del sentido que le otorgue quien hace referencia a él. En este caso, la innovación se entiende como la introducción de cosas que no estaban pensadas en el todo que existía. Sin embargo para que los cambios y transformaciones puedan considerarse innovadores tienen que implicar una mejora con respecto a la situación anterior.
La innovación en el Programa de Arquitectura implica “la transformación reflexionada, planeada y dirigida de los contenidos, métodos, prácticas y medios de socialización del saber, y del abordaje (integrado de los distintos campos relacionados con la Arquitectura) modificando a un mismo tiempo las formas de gestión y organización institucional, la actividad docente, el rol de los estudiantes y las técnicas de evaluación; en suma, esta propuesta involucra una redefinición de la cultura institucional”. (ANUIES, 2007)
Para el Programa de Licenciatura en Arquitectura se requiere pensar la formación del arquitecto-ciudadano del nuevo milenio para responder a un mundo complejo donde la certidumbre, como diría Marx, “se disuelve en el aire” (Marx en Harvey, 1990). Plantear una innovación educativa requiere cuestionarse el rol de la institución, de los planes y programas, de los profesores como acompañantes de futuros profesionistas quienes han de “aprender a aprender durante toda la vida” (Delors, 1997) Para esta presentación, se explicará únicamente la estructura interdisciplinaria que consiste en el corazón de este proyecto, apoyado en la teoría del pensamiento complejo desde la perspectiva de Edgar Morin
Por su parte, el curriculum como dispositivo esencial para la organización y puesta en marcha de una nueva cultura institucional, supone por un lado, reflexionar sobre los principios filosóficos, epistemológicos, organizativos y operativos de lo que se espera que suceda en los estudiantes cuando asisten a la escuela. Por otro, pensar en los objetivos institucionales, en los objetivos del Programa Académico; también en el perfil del egresado que ha de responder a las necesidades de la comunidad. Todo este trayecto ha de encaminar al diseño de los planes y programas de estudio, así como a prácticas congruentes con la propuesta educativa en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Aquí se propone un curriculum globalizado e interdisciplinario que permita “la integración de campos de conocimiento y experiencia que faciliten una comprensión más reflexiva y crítica de la realidad…” (Torres, 2000) considerando no sólo los contenidos propiamente académicos sino los culturales, así como los procesos de apropiación y ejercicio del conocimiento, aunados a las dimensiones éticas inherentes tanto a la teoría como a la práctica de la profesión.
El arquitecto tiene la responsabilidad de cuidar la calidad del entorno construido. La propuesta toma en consideración:
a) la interacción positiva del objeto (producto, espacio) arquitectónico con el contexto (social, urbano, ambiental),
b) el entendimiento de la arquitectura como un legado cultural producto de una manifestación humana y como una actividad colectiva multidimensional, con impactos directos en la comunidad y
c) la posibilidad de que la propuesta arquitectónica trascienda su mera condición física y se inserte en un contexto de complejidad.
Todo esto significa pensar la manera de hacer arquitectura en el entramado del mundo fenoménico, más allá de los modelos establecidos por la tradición, “… derribar las barreras entre las diferentes disciplinas, crear un lugar abierto al encuentro de experiencias entre los distintos campos artísticos: desde la música a la literatura y la pintura” (Piano, 2005)
La apuesta se encuentra en hacer un análisis sobre una reforma del pensamiento en el campo de la Arquitectura y de su manera de proyección, de tal manera que el proceso de diseñar resulte una aventura y un desafío para la mente y el espíritu de quienes juegan el papel de creadores. Apunta hacia una humanización planetaria por medio de la inclusión autorreflexiva de los sujetos involucrados: el creador y el usuario de la obra edilicia.
Para que el acto de hacer arquitectura constituya un proceso autorreflexivo es necesario que los arquitectos en formación adquieran competencias para:
* problematizar: capacidad de definir el problema de diseño y plantear la pregunta básica que deberá responder con una propuesta,
* conceptualizar: capacidad de reflexionar y dar a luz una idea original sobre un espacio arquitectónico,
* proponer: capacidad de materializar en forma visual, el concepto definido y
* actuar: capacidad de materializar su propuesta en un objeto que debe ser construido o ejecutado por un equipo de técnicos y artesanos del que forma parte.
Esto implica conocimiento y compresión del espacio habitable no solamente bajo los principios tradicionales de la ciencia dura sino también desde las artes, las cuales impactan directamente en la creación arquitectónica pensada como una expresión central del interés humano por la habitabilidad. La propuesta plantea una experiencia formativa rica, flexible, diversa y responsable como parte fundamental de la construcción y apropiación del conocimiento.
Bajo esta perspectiva, eminentemente interdisciplinaria, el Plan de Estudios se conforma por cinco áreas generales: Arte y Literatura, Investigación y Crítica, Historia y Teoría, Gestión y Tecnología y por último Creación Arquitectónica. Cada una de ellas tiene como propósito formar al arquitecto-ciudadano que responda comprometido socialmente a las cambiantes necesidades locales, regionales y en el ámbito global.
La estructura gráfica del Plan de Estudios se concibe desde el caracol, símbolo de la continuidad en los sistemas abiertos, cuya forma representada por la proporción áurea manifiesta la posibilidad ad infinitum del avance y la apertura “aprender durante toda la vida” diría el informe Delors.

Al centro se sitúa a los sujetos involucrados, los estudiantes quienes tendrán como característica esencial su posición de ciudadanos planetarios, lo que implica estar situados como centro-periferia en el mundo natural y social.
A partir de ahí, una vez que el sujeto es el centro y el objetivo del Programa Académico, han de converger hacia él tareas (lectura, redacción, representación y proyección) que le permitan desarrollar las competencias necesarias para desenvolverse exitosamente en el campo laboral y en el mundo. Hay que señalar que este esquema no es estático sino dinámico siempre deslizándose desde el sujeto. |