El maltrato infantil
Enseguida de mi mesa del restauransito donde desayuno, al salir de mi tercer turno, escuché a un señor que gruñía y luego ya más claramente, decía: “pero pos si yo lo quero mucho, quisiera nunca regañarlo, ni mirarlo mal, cuantimás pegarle, pero ai' sta, su madre en cuanto llego, friega y friega, no me trai el mandado, nomás pelee y pelee con su hermano, le dí sus pellizcos y sus jalones de greñas, y corre y me dice de groserías… y ai' sta, en vez de darle mijo un abrazo, le doy un manotazo contra la paré y luego cintarazos, hasta que me tropiezo y me caigo; y cuando me despierto y lo busco, ya no' sta, ya se fue a la escuela, me acuerdo y me da la rabia, me pego en la cabeza contra la paré y me voy al trabajo, pero al regreso, ai' sta… la misma y la misma con que me estoy volviendo loco… ayúdame virgencita…
En mi vuelo de la semana pasada, me tocó de compañero un ex discípulo, muy apreciado, muy exitoso, luego del “Chat” de rigor, me confió”, regreso mañana, tengo cita con nuestro consejero familiar, tu sabes, nuestro obispo, es sobre mi del fin, dice la doña que ya ni el celular le contesta, te imaginas a los once años… a ver que dice el obispo ¡que arregle las cosas! ¡Para eso le pago!, además sus diezmos…
Saúl Muñoz
Maltrato infantil
Lo vi llegar con su ropa sucia y rasgada, su extrema delgadez, figura esquelética por mala nutrición o falta de comida, entró en mi salón, me saludó, y se sentó en su banca, se me quedó viendo y sonrió. “Maestra tuve un sueño muy bonito soñé en comida, toda la noche comí, mi estómago me duele de tantos pasteles de fruta, sonreí diciendo que el sueño era hermoso, empezamos la clase, pero de reojo lo seguí mirando, se levantó su camisa, se remangó bien y de repente vi sus brazos azulados, me sorprendí, no se podía haber caído, era un niño golpeado, pero tan contento, siempre alegre, me salió una lagrima y tuve que voltearme, niño extraordinario, pase en las columnas de sillas y levanté su camisa, vi grandes cicatrices, apareció azul amarillo todavía sangrante, como una barra de fuego directa en el cuerpo, sentí enojo, me agaché y deposité en su frente un beso, me puso sus brazos en mi cuello y me abrazó con fuerza, y me susurró te quiero mucho, le dije al oído no me puedo callar tengo que poner reporte, respondió por favor.
Helene Gilsoul
Drogas
Alucino, reviento, me río y deseo
Juntar esas nubes, como polvo blanco
Tragarme la nausea, ingerir olvido
Saber que respiro la imagen del mundo
Que encontré perdido dentro del abismo
En un viaje confuso, lleno de pretextos.
Escucho colores a través del hielo
Las notas de un piano encienden mis ojos,
Un cristal cortante me llena de euforia
Toco mis neuronas, semillas de sueños,
Mi cuerpo caliente se encuentra en el delta
Del río mensajero de mil experiencias.
Mi flujo sanguíneo lleva mariposas
Tengo sensaciones de vuelos extraños
Nidos gigantes, árboles enanos
Dosis de ansiedades irritan mis manos
Que quieren asirse en intentos vanos
A signos que siempre están preguntando
Dejo que los soles habiten mi tiempo
Dejo que los hongos trepen por mi cuerpo
Campos de amapolas abriguen deseos
Vivo mi experiencia magia incandescente
Cárcel putrefacta, abismos y cielos
Ya no lucho, amo este infierno.
Martha Luisa Ibáñez Muñoz.
Calentamiento global
Ahora somos presa de nosotros mismos
Ahora somos presa de nuestra sabiduría y de nuestra ignorancia,
Qué hemos hecho
Qué somos ahora
No siempre lo que realizamos fue suficiente
Y la naturaleza nos lo reprocha,
Ella nos hace ver nuestras limitaciones
Nos ha mostrado su fortaleza.
¿Qué hemos de hacer?
¿Qué podemos hacer?
Nuestra existencia esta en riesgo
¿Qué hemos de hacer?
Conciencia dicen unos,
Política dicen otros,
Economía unos más
¿Qué será lo correcto?
Cada uno tiene su papel
Todos tenemos nuestro papel
Nuestras manos es nuestro recurso
Nuestra sabiduría y nuestra ignorancia también es.
Jorge Antonio Guzmán.
Calentamiento global
Oh tierra hija del universo, con tus verdes prados, tus blancas montañas, tus iluminados desiertos, vés como poco a poco mueres por la mano de tus hijos, que sin conciencia y con ciega ambición llenan su codicia sin cesar.
Cada grado derrite centímetros de tus hielos. Cada grado cambia el paisaje que por milenios ha pintado de colores tu piel. Cada grado te aproxima a tu fin y en silencio esperas que caiga el velo que ciega los ojos de tus hijos. Llena de esperanza aguardas paciente que una nueva conciencia florezca en ellos.
Martha Patricia Olivas Sánchez.
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